VOCES DE MUJERES

Dicen que “el que canta sus males espanta” y la verdad es que la gente del Pacífico colombiano lo sabe bien. En realidad debería decir que lo viven, porque a lo largo de los tiempos han cantado sus dichas y desdichas, sus encuentros y despedidas, sus historias y sus sueños.

Paola Navia nació en Popayán y poco antes de cumplir nueve años se fue a vivir a Tumaco. Allí comenzó a ver con ojos nuevos la riqueza cultural de esta región que la vio crecer y que hace tiempo dejó de ser su tierra de adopción para convertirse en el territorio de su identidad. Después de terminar la secundaria, decidió estudiar Antropología en la Universidad del Cauca y esto la condujo de nuevo a Tumaco desde donde ha gestado una iniciativa que destaca y visibiliza las músicas del Pacífico Sur, sus mujeres, sus saberes tradicionales y el lugar que sus voces ocupan en la vida de todas sus comunidades. Se trata de la Red de Cantadoras del Pacífico Sur que como reza su página de internet redcantadorassur.org “es una organización conformada por personas y/o agrupaciones de cantadores y cantadoras de música tradicional que trabajando de manera participativa, respetuosa e incluyente busca defender, preservar y divulgar el patrimonio cultural del Pacífico Sur colombiano”.

                                          

Podríamos decir que todo comenzó en 2006 cuando Paola se aprestaba a realizar su tesis de grado. En aquel momento empieza a tomar forma una idea que durante mucho tiempo le había rondado la cabeza y las entrañas. Ella, espectadora y partícipe de los rituales y fiestas que las cantadoras acompañaban, empezó a preguntarse por el lugar que ellas ocupaban y se dio cuenta de que era necesario reivindicar su labor para que la comunidad y el país entendieran la importancia de sus saberes y de sus voces que acompañan todos los acontecimientos importantes de su gente desde el nacimiento hasta la muerte. Paola notó que tal vez por la fuerza de la costumbre y la proximidad, se había invisibilizado la trascendencia de su labor y del asombro nació un ejercicio de emprendimiento que cambió para siempre la mirada que se posa sobre las cantadoras, sobre su quehacer y sobre el territorio que ocupan.

Primero fueron reuniones (comilona incluida) con las cantadoras de Tumaco. Guiada por doña Armenia Quiñones, directora del grupo San Andrés y con el apoyo de una beca del Fondo de Comunidades Afro, se internó en los espacios que ocupaban las mujeres cantadoras. “Yo no tengo plata”, les dijo, “pero veamos la manera de intercambiar conocimientos y fortalecer nuestra labor”. Luego, una visita de la entonces ministra de cultura Paula Marcela Moreno, le abrió la posibilidad de extender su ejercicio a lo largo del Pacífico Sur colombiano gracias a una política cultural que se adelantaba en aquel momento y que seguía la Ruta de la Marimba de Chonta en el Pacífico Sur. Llegaron nuevos retos y la posibilidad de trabajar con un presupuesto, que si bien no le daba la holgura ideal, sí le permitía mayor impacto sobre las comunidades. “A mí siempre me rinde la plata” dijo entre risas, pero lo que uno advierte es un apasionamiento tal que no le permite desfallecer. “Con o sin” es un lema que aprendió de la entonces ministra y la práctica le ha enseñado que es posible sacar adelante sus proyectos haya o no haya recursos. Quizá esta certeza le permita hablar con la serenidad y el apasionamiento que le imprime a la historia de sus mujeres, a su propia historia.

                               

Si bien los hombres están presentes, estuvo claro desde un principio que la Red se encargaría de visibilizar la voz y la presencia de las mujeres. Así lo explicó Paola: “Nunca he excluido al hombre. Cuando decidí trabajar con las mujeres era pensando en exaltar el papel de la mujer como portadora y guardiana de conocimiento”.

Incluso su labor ha permitido que muchos de sus miembros superen situaciones trágicas y complejas como el desplazamiento, la violencia intrafamiliar o el conflicto armado. Modesta Torres, una de sus integrantes y víctima de desplazamiento forzado, lo explica en sus propias palabras: “Con el grupo me he desestresado, me siento en familia. Yo me sentía deprimida y me daba temor salir al público con mi voz y desde lo que hace que estoy en la Red, voy pa´lante”.

Así, la Red de cantadoras planteó desde el principio ser mucho más que un conjunto de mujeres y hombres que se presentaban en un escenario. Su ejercicio tiene tres componentes, uno social, que se encarga de fortalecer procesos de organización, liderazgo, emprendimiento y solidaridad; uno de formación y pedagogía musical, que transmite sus saberes a las generaciones más jóvenes y se enfoca en el fortalecimiento de valores para la reconstrucción del tejido social; finalmente, hay un componente estético que acoge a los dos anteriores y que les permitió realizar una serie de talleres por la región y encontrarse con otras prácticas y saberes ancestrales: “nos encontramos con las cocineras tradicionales, las parteras, las curanderas, las etnoeducadoras, las artesanas. Todo ese potencial que tiene el territorio dentro del tema de tradiciones, de saberes ancestrales” afirmó Paola.

También, fruto de estos talleres, la Red de Cantadoras del Pacífico realizó Canto Pazcífico, un demo que recoge en un cuidadoso empaque cuatro canciones tradicionales interpretadas con los diferentes acentos de los municipios que conforman la Red. “Canto Pazcífico es un producto que tiene desde lo intangible un significado que supera las palabras. Esto tiene todo nuestro espíritu, tiene solidaridad, tiene creatividad, tiene unidad, confianza, cooperación”, dijo Paola mientras enfatizaba en la importancia de generar contenidos que se alejen de lo panfletario y que construyan identidad, que preserven la memoria. El demo es el resultado de un trabajo colectivo guiado por Nidia Góngora y Ana María Arango. Incluye una composición hecha a varias manos titulada “Qué lindo, qué bello”, una canción que habla sobre las solidaridades, sobre lo que es el Pacífico. También está presente “Salí pueblo ingrato”, un alabao de corte espiritual interpretado a capella, “Un poquito de Agua” tema tradicional que alarma sobre los alcances de la contaminación en los ríos como producto de la minería ilegal; y “Velo, velo”, que es un bunde propuesto por una de las mujeres de mayor edad en la Red y que recordó que el tema solía interpretarlo su abuela y sonaba con frecuencia pero que ya estaba cayendo en el olvido.

Esta Red, que se unió gracias a la música, también ha descubierto espacios de encuentro a partir de otras actividades como la cocina, la creación de artesanías o la propuesta de soluciones para su territorio desde ejercicios artísticos. Aquí la mujer se piensa como una gestora de paz que tiene en su voz no sólo la misión de cantar sino también la de contar de su identidad. “Una cantadora debe saber y entender que lo que hace lo debe hacer de manera responsable y cuando vaya y lo cuente debe contarlo como es, con responsabilidad, porque es una de nuestras principales comunicadoras”, explicó Paola.

En resumen, la Red ha sido un ejercicio de aprendizaje sobre una identidad que se sigue construyendo. Con acentos distintos, con condimentos diversos, con toda la carga simbólica, mística y espiritual que llevan consigo estas mujeres. La Red sigue “espantando muchos males” y sin lugar a dudas (“con o sin” diría Paola) todas ellas seguirán cantando porque como ella misma dice “lo elemental, lo básico de lo ecosistémico es lo que nos ha permitido blindar y resistir en este territorio”.

 

María Isabel Galvis Z.

Comunicadora Social y Periodista de la U de A. Magíster en Literatura. Realizadora U.N. Radio.

  • asistenciaeditorial@revistamusica.com

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