Tan sublime como la música

Por: Carlos Duque /marimbadechonta@gmail.com


maestro3-bnSi Jesucristo se hubiera casado bien casado, hasta le hubiera ido mejor. Alberto Correa y Francisco Rettig, los dos últimos directores musicales de la Orquesta Filarmónica de Medellín, en distintas ocasiones han mencionado la importancia que en sus vidas musicales han tenido sus esposas. En esta ocasión conversamos con Alberto Correa, también médico, y quien nos habló sobre Emma Elejalde, su mujer.

-¿Cómo conoció a Emma?
Un día mi primera novia, después de un noviazgo de ocho años, dijo: “Yo no soy capaz de vivir con este hombre tan raro”. Y se casó a la carrera con otro. Me quedé entonces dos años solterón. Para ese momento ya estaba trabajando como médico en Medellín, y ya había montado el Estudio Polifónico de Medellín con voces masculinas así como el grupo de Música Antigua y la Coral Ciudad de Envigado. Fue entonces cuando volvimos mixto al Estudio Polifónico y conocí a quien después fue mi señora, Emma Elejalde.

Cuando el coro se volvió mixto nos establecimos en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia y ensayábamos en el Hospital. Entonces las estudiantes de Enfermería iban a ver a sus noviecitos coristas, y hasta había dos de ellas que ya también cantaban en el coro. Nelly Sanín era una. Y entonces yo vi a Emma y me gustó. Ella estaba terminando sus estudios de Enfermería, y por esos días venía a los ensayos a echarle el ojo a uno de los del coro, y entonces empecé a mandarle saludes con Nelly.

Con mi familia de origen recién habíamos dejado de vivir en una casa del centro de Medellín y nos habíamos pasado detrás de la casa de Emma, en el barrio Simón Bolívar, pero yo no sabía que vivía cerca de mi casa. Estaba haciendo el rural, solo venía los miércoles a Medellín, y nunca antes la vi en el barrio. Solo la veía en los ensayos en el Hospital.

Ella era novia de un estudiante que cantaba en el coro de apellido Caiaffa. Y entonces un día me le arrimé y le pregunté: “Ud. qué hace aquí?”. Y ella me contestó: “Tengo amigos en el coro”. Entonces le dije: “Ud. me gusta”. Entonces ella me dijo. “Ah…sí?”. Y ahí le dije: “A Ud. le choca que yo mañana le vaya a hacer la visita”? Entonces me dijo: “Nooo”. “Dame tu dirección”. Y entonces al apuntarla caí en cuenta de que su casa ¡quedaba a la vuelta de mi casa! “Mañana te caigo a las cuatro y media y nos vamos a tomar el algo”, le dije.

-¿Y cómo fue esa primera salida?
Era un sábado. Llegué de Barbosa, donde estaba trabajando. Me arreglé y llegué a su casa a las 4 y media. Al rato ya me estaba enloqueciendo: visita de sala, todo el mundo pasando. Entonces le dije que saliéramos y me fui con ella a tomar el algo. A los ocho días le dije que si se casaba conmigo y me dijo que sí.

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-¿Y eso por qué tan rápido?
Otro noviazgo de ocho años como el primero no me lo iba a aguantar. Además todos mis amigos ya se habían casado. Y yo estaba realmente solo y veía que estaba patinando y que no me organizaba.

-¿Cómo le planteó lo de la música?
Le dije: “Si nos vamos a casar quiero que sepas que yo amo demasiado la música, y no quiero que se nos vaya a volver un problema. No me vayas a decir: escoja entre la música y yo. No me puedes poner en eso, porque yo soy músico desde niño. Quiero seguir trabajando medicina, hacer una vida de hogar común y corriente, pero yo no quiero abandonar la música en ningún momento”.

Yo ya había hecho un recorrido muy grande desde 1951 y estábamos en 1971. Eran 20 años en los que ya había hecho alrededor de 300 conciertos, ya salía en la prensa, en la radio y en la TV.

Entonces ella me dijo: “Yo no sé nada de música, pero tampoco me choca y yo creo que puedo aprender”. Yo le dije: “Vas a vivir tu vida, yo vivo la mía y vamos a tratar de vivirla juntos.” Y funcionó muy bien.

-¿Cómo fueron esos primeros momentos de matrimonio?
Yo era un tipo de 30 años y en ese momento necesitaba la seguridad de alguien fuerte al lado mío, para construir entre los dos. Yo soy muy religioso y le dije a mi Dios: “Si esto va a ser bueno para mi vida, permite que siga, si no, desbaratá esto”. Y así he hecho con la mayoría de las cosas en mi vida. Entonces vi que la cosa siguió caminando y me casé casi en secreto, un 29 de diciembre a las diez de la mañana. Me fui a la luna de miel a Paipa en Boyacá, y volví el 1º a Medellín, para trabajar el 2 de enero. Me casé ya hace cuarenta y pico de años.

Al finalizar el primer año nació la primera hija. Luego vino el segundo. Y Emma resolvió que no íbamos a tener más hijos, y entonces nos dedicamos a sacar a nuestros dos hijos adelante y a seguir trabajando.

-¿Y cómo fue el apoyo que ella le dio para su vida musical?
Lo bello que yo encuentro en ella fue que me dejó hacer todo lo que yo quise, sin impedir nada. No me dijo nunca: “Ud. no vaya, Ud. no haga, Ud. no salga, me estás abandonando, me estás dejando”. Estuvo ahí todo el tiempo.

maestro2-bn-¿Y con la Filarmónica?
Ella ha sido absolutamente generosa, al punto de darme todo lo que ella tenía para que la orquesta pudiera vivir. Si a alguien se le debe que la Orquesta Filarmónica de Medellín exista, es a ella. Me permitió que yo le dedicara toda mi vida. Una persona normal hubiera acabado el matrimonio. Permitió además que me gastara más de las dos terceras partes del sueldo para mantener la orquesta. Por lo mismo aceptó no poder viajar, no poder tener lujos, tener dificultades económicas cuando no las debió haber tenido.

Yo había presupuestado que íbamos a tener solo cinco años de dificultades económicas en la orquesta, y que luego tendríamos auxilios…Pero pasaron diez años para que apareciera el primer auxilio. Esos cinco años adicionales fueron terribles.

Tuvimos que salir a pedir plata prestada para las matrículas de los dos hijos en la Universidad, porque todo lo que teníamos era para pagar la orquesta. Y ella no se opuso. Por el contrario, llegó un momento en que dijo: “Vendamos la casa”. Y se vendió. “Vendamos la finca, vendamos dos de los tres carros”. Y todo eso lo vendimos para sacar adelante la orquesta. Amó la orquesta, y se sentía feliz con lo que estábamos haciendo.

Cuando la orquesta empezó a crecer y logramos ver que ya podían vivir cien familias profesionalmente de la orquesta, con sueldos grandes, ella sintió una gran felicidad.

Yo creo que el hecho de que Medellín tenga la Orquesta Filarmónica y que la orquesta sea la cabeza de un movimiento musical gigantesco, se le debe a ella. Ahora creemos que el sacrificio que hicimos, valió la pena.

 

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