Sayco, Acinpro y el cuento de las sociedades de gestión colectiva

Por: Mónica Zúluaga / monicazuluagamusica@gmail.com


Si sos músico, las palabras “Sayco” y “Acinpro” te deben resultar familiares. Pero, ¿sabés realmente qué son y a qué se dedican estas organizaciones?

Los autores, como titulares de sus obras, pueden autorizar o prohibir el uso de éstas. Las autorizaciones o prohibiciones pueden administrarse de manera individual, es decir, el autor puede particularmente definir a quién y qué autoriza respecto de su obra. Sin embargo, la ley permite que los autores se agrupen con el objeto de realizar esta gestión de derechos de manera colectiva. Así lo indica el artículo 10 de la Ley 44 de 1993 cuando establece: “Los titulares de derechos de autor y derechos conexos podrán formar sociedades de gestión colectiva de derechos de autor y derechos conexos, sin ánimo de lucro con personería jurídica, para la defensa de sus intereses (…)”.

Es por eso que se crean las sociedades de gestión colectiva cuya labor es representar a sus asociados en la administración y recaudo de las remuneraciones económicas que provienen de la utilización de sus obras. Podría decirse que estas sociedades son un punto de enlace entre creadores y usuarios de obras protegidas.

Es importante aclarar que la afiliación a las distintas sociedades de gestión colectiva es independiente del registro que se realice de las obras ante la Dirección Nacional de Derecho de Autor. Este registro, como hemos mencionado en ediciones anteriores, permite tener una declaración o prueba sobre la identificación del autor de la obra pero no implica por sí solo la afiliación a una sociedad que recauda los pagos por su uso. La razón es simple: la Dirección Nacional de derecho de autor es una entidad oficial, no una sociedad de gestión colectiva.

Existen en Colombia varias sociedades de gestión colectiva para los titulares de derechos sobre obras musicales:


Sayco – Sociedad de Autores y Compositores de Colombia
: gestiona los derechos patrimoniales de comunicación pública, ejecución pública y reproducción de obras musicales que formen parte de su repertorio. Así por ejemplo, si se desea interpretar en un evento público una canción que está en el listado de Sayco, deberá pedirse autorización a través de la entidad, lo que conllevará al pago de un determinado valor en contraprestación por el uso.


Acinpro – Asociación colombiana de Intérpretes y productores fonográficos
: se encarga de recaudar y distribuir los derechos patrimoniales correspondientes a los artistas intérpretes o ejecutantes y a los productores de los fonogramas afiliados a la entidad, por la ejecución pública o la comunicación pública de dichos fonogramas. Así por ejemplo, si una emisora comercial incluye en su programación la canción Día tras día interpretada por Andrés Cepeda, y ésta canción está en el listado de Acinpro, la emisora deberá pagar por su uso. El valor pagado será distribuido entre el productor fonográfico, el intérprete (Andrés Cepeda) y los ejecutantes afiliados que grabaron en el fonograma (guitarrista, baterista, etc). Por su parte, el autor de la canción no recibirá pago a través de Acinpro, sino a través de Sayco.

Para efectos de facilitar las actividades de estas dos sociedades y compartir infraestructura, se crea la OSA – Organización Sayco Acinpro, que se encarga del recaudo del pago de la comunicación pública de la música en todos los establecimientos comerciales sobre obras de titulares afiliados a Sayco y Acinpro.

Adicionalmente existe ACODEM-Asociación Colombiana de Editoras de Música, que aunque no es una sociedad de gestión colectiva autorizada, está legalmente constituida y agrupa a las editoras musicales del país, que son aquellas entidades que administran los derechos de algunos artistas, autores y compositores.

Mónica Zuluaga
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2 Comments

  1. ATALIVAR castellanos castellanos Abril 3, 2017 Reply

    Me gustaría tener toda la información ya que SAYCO no recone nada, no entendemos está politica absurda y discriminación.
    Contacto: 3133080461 gracias

  2. Jorge Padula Perkins Agosto 20, 2017 Reply

    El funcionamiento de la Dirección Nacional del Derecho de Autor de Argentina está en decadencia de la mano de una pretendida modernización mal implementada.

    Puesto en manos de un consultor privado en el tema, el organismo hace alarde de una modernización que está lejos de consolidarse como tal. El director viaja por el país dando cursos y conferencias, haciendo gala de sus dotes de abogado y conferencista, pero la DNDA funciona cada vez peor.

    Baste el ejemplo del registro de obras musicales inéditas a distancia. Requiere que los usuarios cuenten con clave fiscal nivel 2 (algo que no todos y menos los bohemios poetas y compositores tienen). Ingresar en el sistema a través de AFIP (organismo ajeno al derecho de autor). Cargar los datos personales del autor (no una vez que lo deje como predeterminado sino en para cada obra a declarar). Subir archivo con número de CUIT-CUIL (por cada trabajo a registrar). Pagar mediante depósito o giro en una cuenta del Banco Provincia (lo cual implica en el primero de los casos una considerable espera y trabajo extra para el cajero que debe cobrar 25 pesos tantas veces como obras se vayan a registrar). Escanear y mandar el ticket por cada obra a registrar.

    Lejos de haber terminado el trámite, se deben llevar personalmente o enviar por correo postal las obras dentro de sobres cerrados.

    Pero finalmente, cuando el usuario va a llevar ese sobre y estima que terminará el trámite, le imprimen tres hojas que no sirven para nada y le dicen que vaya a buscar el resultado ¡A la página de trámites a distancia!, de donde deberá descargar e imprimir otras tres páginas por cada obra ¡y recién entonces podrá concurrir a SADAIC para presentar el boletín de declaración! (ya que en él debe ir anotado alguno de los números que aparecen sin clara identificación en el documento final).

    De este modo, lejos de proteger la creación, se empuja a los autores y compositores a la marginalidad del sistema. Un sistema que pone la tecnología por encima de las necesidades reales de los artistas que en el día a día se esfuerzan por poner su creatividad en post de las creaciones musicales.

    Baste el ejemplo del registro de obras musicales inéditas a distancia. Requiere que los usuarios cuenten con clave fiscal nivel 2 (algo que no todos y menos los bohemios poetas y compositores tienen). Ingresar en el sistema a través de AFIP (organismo ajeno al derecho de autor). Cargar los datos personales del autor (no una vez que lo deje como predeterminado sino en para cada obra a declarar). Subir archivo con número de CUIT-CUIL (por cada trabajo a registrar). Pagar mediante depósito o giro en una cuenta del Banco Provincia (lo cual implica en el primero de los casos una considerable espera y trabajo extra para el cajero que debe cobrar 25 pesos tantas veces como obras se vayan a registrar). Escanear y mandar el ticket por cada obra a registrar.

    Lejos de haber terminado el trámite, se deben llevar personalmente o enviar por correo postal las obras dentro de sobres cerrados.

    Pero finalmente, cuando el usuario va a llevar ese sobre y estima que terminará el trámite, le imprimen tres hojas que no sirven para nada y le dicen que vaya a buscar el resultado ¡A la página de trámites a distancia!, de donde deberá descargar e imprimir otras tres páginas por cada obra ¡y recién entonces podrá concurrir a SADAIC para presentar el boletín de declaración! (ya que en él debe ir anotado alguno de los números que aparecen sin clara identificación en el documento final).

    De este modo, lejos de proteger la creación, se empuja a los autores y compositores a la marginalidad del sistema. Un sistema que pone la tecnología por encima de las necesidades reales de los artistas que en el día a día se esfuerzan por poner su creatividad en post de las creaciones musicales.

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