NOS FUIMOS DE CARRANGA CON JORGE VELOSA

Por: Sara Melguizo Gavilanes


velosa

No hay brillo más reluciente que el de Velosa en el escenario, ni palabras más sabias y musicales que las que pronuncia cuando canta y cuando habla. En su más reciente visita, en La Matraca 2015 del Teatro Pablo Tobón, lo invité a las páginas de Revista Música, para lo cual me pidió que le escribiera un cuestionario. Aunque quería escuchar la cadencia de sus respuestas, detallar sus gestos y ademanes más de cerca, hice la tarea con todo el juicio y de vuelta recibí, con un cariñoso “carrangueramente”, respuestas rebosantes de lo que es él.

1. ¿Podría compartirnos qué significó para usted la reivindicación de la cultura campesina a través de su música?

R. Como músicos y copleros –o troveros, si se quiere–, somos parte de la cultura popular campesina. Al pregonarla, echamos a rodar algunos elementos de recuperación, reafirmación, creación y recreación, con los cuales los primeros reivindicados hemos sido nosotros, y, de paso, hacemos una contribución al reconocimiento de lo campesino como parte fundamental de nuestra nacionalidad. Eso se entiende mejor con un par de estrofas de un tema inédito que se titula Soy hijo de campesinos:

Soy hijo de campesinos y lo canto con orgullo, campesinos son los míos,como lo han sido los tuyos.

Que vivan los campesinos, y que los dejen vivir, que el campo sin campesinos existe sin existir.

2. ¿Cuáles fueron los mayores desafíos en ese proceso de posicionamiento de la cultura campesina?

-Usa la forma verbal fueron, como si eso ya se hubiera superado, pero qué va, de ser así, otra sería nuestra suerte. Los obstáculos son muchos todavía: desde nuestra formación académica en adelante, los medios de comunicación que no entran en razón, la globalización de la cultura, su mafionalización, la falta de espacios, presupuestos y políticas claras y comprometidas, el mal uso y abuso de los presupuestos cuando los hay, en fin, distintos y variopintos, pero como dijo el poeta mexicano Salvador Díaz Mirón:

El ave canta, aunque la rama cruja, como que sabe lo que son sus alas.

3. ¿Qué es lo que más lo inspira de la cultura campesina colombiana?

-Me gustaría saber si tenemos claro qué entendemos por cultura y qué por cultura campesina, y de qué campesinos estamos hablando, cuál es ese campesino al que nos referimos. ¿El mero hecho de vivir en el campo nos cataloga como campesinos? ¿Los indígenas son campesinos? Suponiendo que lo tuviéramos claro, es en los contrastes extremos de la vida del campo y del campesino, en donde más encuentro motivos para seguir con mis cantares, andares, hablares y escribires. Eso está muy presente en lo publicado y no publicado de mi trabajo.

334. ¿Podría compartirnos los tres hitos más importantes de su carrera artística y qué hechos los representan?

-No hay duda de que son más de tres. Estudiar en la Universidad Nacional, y recién egresado haber hecho un programa radial en provincia, que se llamaba Canta el pueblo, son determinantes en ser quien soy, un juglar trasmisor de historias. Haber sido bendecido por el amor en diferentes tonalidades, puede ser otro; y, otro más, tener el pálpito en su momento de que estaba en el rastro de algo muy importante, a sabiendas de que sería a largo plazo, y ahí está, vivita y sonando: música carranguera.

5. ¿Podría compartirnos tres experiencias de retroalimentación con el público que le hayan tocado el corazón?

-Es muy difícil escoger apenas tres, pero, a paso largo, aquí van: primera, Palma de Mallorca (España), tan gocetas resultó nuestro espectáculo infantil, que fuimos por siete “recreos” y terminamos doblados. La segunda, año ochenta, Madison Square Garden de Nueva York, el público se emocionó tanto, que se me fue la voz por un eterno ratico. Y la tercera, reciente concierto por la paz Parque Simón Bolívar Bogotá abril 2015, cada grupo interpretaría solo un tema, nosotros escogimos El rey pobre, pero por “guachafita” general también tuvimos que interpretar La cucharita.

6. ¿Usted cree en el poder transformador de la música? Si es así, ¿cómo lo evidencia desde su experiencia?

-Porque creemos en él hacemos lo que hacemos. Y 40 años después ya somos el género musical del que estamos hablando: carranga o música carranguera, con todo y lo que representa, como parte de las músicas del país.

De todas las manifestaciones artístico-culturales, creo que es la música la mensajera más eficaz, y me hago rápidas preguntas: ¿Por qué el cine, la televisión, y todas las propagandas comerciales, políticas, etc. llevan música? ¿Por qué todas las religiones echan mano de ella para difundir y afianzar sus mensajes? Ergo, “algo tiene el agua desde que la bendicen’’.

7. ¿Cuál es su sonido favorito y cuál el que más le repugna?

-Esa respuesta sí es más fácil. Mi favorito, el susurro del agua, y el que más me descompone, la bulla parlantera, en nombre de cualquier propósito y en cualquier parte, llámense ventas ambulantes, mensajería religiosa, celebraciones varias, conciertos estridentes, “patrioticidades’’, etc. A este paso, vamos a terminar llamándonos Ruidombia o Bullombia, y al final, Sordombia.

8. Si no hubiera hecho este tipo de música, ¿cuál le habría gustado interpretar?

-Eso depende de condiciones como actividad, tiempo, lugar, amigos, contactos, academia, etc. Si hubieran sido las mismas de mi época estudiantil, y me hubiese orientado de otra manera, por ejemplo en el Conservatorio, en donde apenas tomé ciertas materias, creo que me habría quedado entre lo clásico y lo sabanero de arriba, y con un instrumento de viento, como el trombón, la tuba o el fagot.

En una época más reciente, a lo mejor hubiera sido un rockero duro y, como dijo César López, seguramente habría llamado a mi “banda” Los Karrangueros de Rockira, en vez de Los Carrangueros de Ráquira.


9. Su llamado de atención respecto a la ausencia de la cultura en las negociaciones de paz nos cuestiona. Nos gustaría entonces saber un poco más cuál podría ser el aporte fundamental de la cultura en la gestión de la paz.

-Si estamos en negociaciones de paz, es porque hemos estado sumergidos en una nefasta anticultura de la vida, y eso hay que cambiarlo de raíz para no seguir arrastrando eternamente nuestra tara. Y, en ese cambio de mentalidad, la cultura es trascendental; sin eso, el largo camino que se nos avecina será muy complicado, quién sabe si posible. Por eso, echando mano nuevamente de las coplas, pregonamos una muy reciente:

Esto dijo el armadillo, pensando en nuestra nación, la paz sin educación es queso sin bocadillo.

Entendiendo por educación no sólo la academia, sino un replanteamiento general, más eficaz y contundente de los elementos y principios con los que nos formamos, para tener en libertad una actitud distinta ante la vida, desde nuestros diversos quehaceres y pareceres.

10. ¿Qué sabe la cultura de paz que no saben otros sectores?

-Sabe que la vida es corta y bella y que sabe mejor que la cultura de la guerra, que el negocio de la guerra. Si miramos la literatura y la música populares como manifestaciones culturales aportantes, con una copla alusiva y cantable se puede entender mejor lo que digo:

Lo poco que cuesta un tiple, y lo bonito que suena, lo mucho que cuesta un rifle, y lo tan feroz que truena.

11. ¿Qué experiencia de paz, que haya vivido desde el arte y la cultura, podría compartirnos?

-La carranga ha sido siempre pregonera de la paz. De paz con el agua, con los árboles, con los animalitos, con la tierra; de paz con el buen humor, con el amor y el bailoteo; de paz con la palabra, con el que disiente, y con el que otra cosa piensa y siente; todo eso y mucho más es también paz, porque a ella como a la ley, para que tenga un buen andar, hay que saberla interpretar.

Constantemente nos hacemos preguntas por el estilo, y de ahí han surgido canciones importantes, como Plegaria radiofónica, cuya estrofa final dice:

En nombre de la nación, que no dejo de soñar, pido a quien le corresponda, pa’ que no me las escondan, y me las hagan sonar.

Carrangueramente,

Jorge Velosa Ruiz

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