MARIO DONADÍO, BACH Y LOS CLAVECINES

Conozco a Mario hace un año largo y desde ese momento, me generó fascinación saber que interpretaba un instrumento de la época del barroco llamado clavecín. Mayor fue el asombro cuando supe que Mario, además, reparaba y afinaba pianos, pero definitivamente sentí que debía entrevistarlo cuando supe que, no contento con eso, también construía clavecines alemanes, franceses, flamencos, ingleses e italianos.

Su casa y su taller tienen pequeñas construcciones en madera, ventanas y puertas que han sido construidas e instaladas por él mismo. El taller tiene algunas piezas de clavecines, se ven cuerdas, pedazos de madera, máquinas y retazos que integran un ambiente particular (así me imagino el taller de Gepeto). Además, afuera hay cientos de árboles de bosque nativo y se pasea caminando Rameau, el gato de Mario y Marta que los acompaña siempre y a quien miman como su más preciado y dulce tesoro.

             Fotografía – @fulana.malafama

Visitar a Mario y a Marta es siempre un placer, aunque esta vez debía alejarme un poco de las atenciones de Marta y concentrarme en conocer la historia de Mario para escribir sobre él.

Cuenta Mario que desde los 12 años quería estudiar piano; su madre le regaló el  que era de su abuela pero tenía comején y estaba inutilizado. El restaurador que consiguieron los regañó por haber decidido reparar ese piano y se fue sin hacerle nada. Las ganas de Mario de tocar el piano de su abuela lo llevaron a conseguir libros para aprender a repararlo y a pedir a su hermano que lo acompañara a un almacén de pianos y objetos para restaurar pianos en Nueva York, donde el dueño le dijo una frase que Mario siempre recuerda: “Si decide dedicarse a esto, donde vaya, siempre habrá trabajo”. En efecto, Mario  ha probado que en todas partes hay pianos para arreglar y afinar.

Con el propósito de mejorar su técnica y después de probar con otras áreas como la ingeniería electrónica, decidió viajar a Estados Unidos y estudiar tecnología de pianos. Su pasión por el clavecín y su talento natural, lo llevaron a trabajar en una fábrica de clavecines por tres años, donde construyó su primer instrumento.

Desde ese momento ha realizado veintidós réplicas de instrumentos, a partir de planos de clavecines que venden los museos en escala real.  Su disfrute está en la construcción pues le gusta aprender cómo funcionan las cosas y ponerlas a funcionar. Mario construye, desde su casa en el oriente antioqueño, insturmentos cuyo precio oscila entre treinta y cien millones de pesos.

El acercamiento de Mario al clavecín ocurrió desde que era muy joven cuando el padre de un amigo del colegio había construido uno pequeño y lo invitaba  a tocar obras de Bach. No es gratuito que disfrute el clavecín; su padre reproducía música clásica en su casa y Mario adquirió, siendo muy joven, los discos de los conciertos para dos, tres y cuatro clavecines de Bach, que escuchó muchas veces en su adolescencia y que aún conserva.

Cuando le pregunto a Mario por qué le gusta el clavecín y por qué Bach,  me dice que no sabe, que es una pregunta difícil de contestar. Pero a mí me basta con ver cómo le brillan los ojos cuando habla de esto, para entender que es un gusto genuino y que además, es inspirador conocer a alguien que sea tan feliz haciendo un trabajo tan auténtico y hermoso.

Cuando veo el trabajo de Mario Donadío y lo escucho tocar, creo que su magia está en hacer, sin pretensiones, y ese es el mayor encanto de sus obras.

Para conocer las obras de Mario usted puede escribir a mario_donadio@yahoo.com.

Mónica Zulúaga

Cantante y compositora de Medellín. Abogada especialista en derechos de autor para artistas y propiedad intelectual. Tallerista y conferencista. Miembro del comité directivo de la Agremiación de músicos de Medellín (USM) y Socia Fundadora de GrupoCrea: soluciones jurídicas para creadores.

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