LOS ALEGRES DE GENOY, UN CLARO MENSAJE DE IDENTIDAD

Quisimos darle espacio a un grupo musical extraordinario que representa muchas de las costumbres y tradiciones de la cultura campesina. El pasado, el presente y el respeto a la raíz, hacen de ellos una de las expresiones musicales más naturales que existen en nuestro país. Desde hace 30 años empezaron a sembrar sus semillas sobre las faldas del Volcán Galeras, en Genoy, un verde y fértil corregimiento ubicado muy al sur de Colombia, en la ciudad de Pasto. Es paradójicamente, esa lejanía de su pueblo, con el centro del país -sumado a unos cuantos abriles bajo el brazo-, lo que los hace ser auténticos, pero al mismo tiempo, lo que ha dificultado la visibilización de su música y toda esa maravillosa cultura que representan.

Sus sonidos se clasifican como música campesina, la que conocieron desde jóvenes escuchando a los mayores, y que de forma empírica empezaron a poner en práctica en sus guitarras, que en ese entonces se fabricaban a mano y machete. “No nos interesaba el billete, sino que por medio de nosotros conocieran a nuestro pueblo. Me siento orgulloso de decir soy de Genoy, y quiero que se preserve lo nuestro, lo propio, lo indígena, lo campesino”, condición  que reafirman en cada detalle, incluyendo el vestuario y sus accesorios, con sobresalientes sombreros negros, ruanas de lana, alpargatas de fique y totumos llenos de chicha hecha en casa.

Su nombre surge de un acto de rescate bien encantador y poco popular entre sus seguidores: “por allá en 1945 existía una banda de mayores que se llamaban Los Alegres de Genoy. Con el paso del tiempo desaparecieron y con ellos,  la alegría del pueblo. Cuando tuve la necesidad de darle un nombre al grupo, lo primero que pensé fue en homenajearlos y seguir con la tradición de la música alegre en mi tierra” dijo Don Teodulfo, compositor y fundador del grupo.

Al hablar de ellos es inadmisible desprenderse del contexto. Por ejemplo, “Balcón Sagrado” es un fastuoso homenaje al Volcán Galeras que dice: “Es mi Galeras un gran tesoro, montaña de oro que Dios creó, son sus cenizas, vital abono, que en montañas, pajonales y praderas, esparcidas por el viento, es arriero, campesino, es riqueza de los suelos”; y si hay algo difícil de comprender al llegar a Pasto y sus alrededores, es el cariño que sienten Los Alegres de Genoy y la gran mayoría del pueblo pastuso por su volcán. Según Don Teodulfo Yaqueno, no se le puede tener miedo a la montaña que les brinda el abono para sus tierras y el agua para su vida, al centinela del pueblo y su mejor amigo. “Cuando ha erupcionado, yo le he gritado a la gente que se calme, que miren eso tan hermoso, que eso no se ve todos los días…; al principio nadie me hacía caso, pero después de unos años el comportamiento de la gente es más tranquilo y ya ven las erupciones como algo natural y bonito”.  

Entre sus referentes musicales encontramos la música ecuatoriana, tal vez por la cercanía y el sentimiento bohemio que hermana a Pasto con el país vecino. También les gusta las rancheras mexicanas, porque les aporta gallardía o nostalgia con la que se sienten identificados; con el pasar del tiempo, algunos de sus integrantes se han retirado, unos por la edad, otros por complejos problemas de salud, y se han visto en la necesidad de ser sustituidos por músicos jóvenes que han ido entendiendo el significado de este grupo para la cultura nariñense. Esta es una forma de hacer escuela e ir dejando un legado a las nuevas generaciones que tienen el reto de preservar y seguir llevando este admirable mensaje de identidad: “la identidad en la música, es lo que yo he hecho, con eso me identifico y le cuento a la gente de dónde vengo y quien soy” afirmó don Teodulfo, y sin embargo, prevalece el sentimiento de que aún Colombia está en deuda con todo el legado musical y cultural que han entregado nuestros Alegres de Genoy.

José Francisco Argotty

Diseñador Industrial, Senior Designer en Artesanías de Colombia y SYOU & Colombia, manager de Bambarabanda.

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