LA DESPARPAJADA ESTRIDENCIA DE EDSON VELANDIA

Topose así el humorista en Bogotá a su matón
en el semáforo en rojo y hablole de correrías.
Yo sí conozco, y Usté no, a sus verdaderos patrones.
Yo visité a Rito Alejo,
a ese yo le dije “viejo,
si me va a matar no me desaparezca.
Mire que a mi funeral yo sí quisiera ir,
tan siquiera pa’ tirarle las faldas al arzobispo”.
Yo pensé hacerlo reír, pero ese man no tiene gracia,
apenas largó un bostezo
y nada acató a decir.

Edson Velandia desde la ruralidad del este colombiano (Piedecuesta, Santander) es uno de los 3 nodos referentes, junto con Juancho Valencia de Antioquia y Jacobo Vélez del Valle del Cauca, del movimiento de las nuevas músicas colombianas que se gestó a finales de los años 90.

Impregnado de la anarquía de su padre, quien es artista del verso y el humor, y suficientemente cerca de la raíz de  su Piedecuesta, al que lo habita el teatro, la literatura, la poesía y la música, Edson, desde hace casi veinte años auscultó y sigue auscultando a una Colombia poco contada y cada obra creada y expuesta, en la diversidad de formatos y temáticas que ha explorado, pareciera el resultado de “lo tóxico” hecho estética.

Con una admirable precisión onomatopéyica, catador de letras, palabras y sonidos, saborea, mastica y a veces digiere cada textura, cada fonema y cada significado. Edson Velandia emana irreverencia y revolución, documenta y hace memoria, lo llenan de luz las voces de las niñas y los niños, lo descompone el patetismo de los discursos falsos y está convencido de que una buena metáfora podría  contener diez libros.

Fotografía – @fulana.malafama

Hace un par de meses tuve el privilegio de volverlo a entrevistar para el programa de radio de esta publicación, en alianza con la emisora de la Universidad Nacional de Colombia, y aunque sus respuestas, desde mi orilla, ratificaban su auténtica perspectiva desparpajada de leer el mundo, a él le parecieron demasiado convencionales y decidió hacer una poética rectificación.

-Sara Melguizo Gavilanes: ¿Podés nombrar cinco logros de esos que dan razones para seguir en este desafiante camino de la música?

-Edson Velandia: me pediste que te mencionara cinco logros míos. Yo me puse a buscar logros pa´cumplir con la respuesta. Entonces dije que haber conservado la salud era mi primer logro, que tener una familia era otro, que haber hecho discos igual, etc. Puras cosas que más que logros son privilegios. La verdad, es que cinco de mis logros no son justamente cosas para destacar: yo me colé en la fila, esquivé una bala, llegué en punto, crucé la avenida; y saqué lo acordes de un corrido.

¿Dos retos que querás compartir?

Me pediste que mencionara dos retos que tengo en la vida. Y ahí me pasó lo mismo: que llevar mi música a los pueblos y esparcirla como dengue, que encontrar la canción perfecta. No es cierto, esos no son mis retos. Esos son más bien ilusiones. Cada día tengo retos más apremiantes: que no se me quemen las arepas o leer completos los subtítulos de una película.

¿Qué creerías que debería tener una Ley de Música para Colombia?

Me dijiste que aportara alguna idea para construir una ley acerca de la música o la difusión de la música en Colombia. Y ahí sí que me enredé. Me puse a buscar ideas rápidamente pa´cumplir con la expectativa de decir algo valioso. Cosa inútil. Improvisé una obligación a las radios para sonar cierta música que no suena en su programación. ¿Cuál música? La mía, obviamente. Y la de otras como yo. ¿Bajo qué criterio? Ser colombiano, ser pobre, ser triste, ser bajito, ser algo que no alcance ni a Factor X. No aterricé nada aquel día en esa respuesta, y hoy, días después, todavía no aterrizo. Ha de ser porque estar al margen de las reglas y las leyes en la música es mi manera de ser guerrillero. Es claro que el riesgo es más divertido que la seguridad. Aplaudo que haya leyes y justicia, pero yo vivo en la ley del monte.

Si pudieras repetir la vida ¿cómo regresarías a esta existencia?

Finalmente me preguntaste en qué me gustaría reencarnar si pudiera. Yo te dije que quisiera ser mujer negra o mujer indígena. Que para saber lo que se siente estar en semejante posición tan desventajosa en la sociedad y así tener razones pa´luchar por una causa vertebral. Nada más demagógico. Yo no me imagino otra reencarnación. Esa es la respuesta. Y además las luchas son hoy o no son. Y solo hay una lucha: la de la libertad. Esa es la lucha de las mujeres, los obreros, las negras, las blancas, los indígenas, los hombres, las niñas, los perros, los gatos, los toros y los loros, etc. No es una lucha de toda la sociedad, evidentemente. Los ganaderos no luchan. Ni los banqueros ni los terratenientes luchan. Ellos fumigan las luchas. Mejor dicho: no es necesario ser mujer pa´luchar con las mujeres, ni volver a nacer pa´ser otro o el mismo. Esto es todo lo que hay.

Sara Melguizo Gavilanes

Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana. Docente universitaria y realizadora radial. Intérprete de flauta traversa. Presidente de la Corporación Revista Música.

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