HAY UN HATOGRANDE QUE FASCINA ENTRE ECOS DE CAMPO Y CIUDAD

Medellín, de alma rural y pose urbana, está protegida por montañas que aún se resisten a dejar de respirar la sabiduría del campesino que aguarda el fruto entre eras empinadas; ese que se levanta un poco antes que el sol y conversa entre versos y rimas con los animales, la lluvia y las estrellas. Las mismas montañas que le recuerdan la deuda creciente que tiene con sus entrañas de ríos y quebradas y con los que trabajan la tierra a cambio de un ¡tan poco! que no alcanza para ni siquiera imaginarse cómo es el futuro con el que tantos dicen que hay que soñar.

Al norte de Medellín, por la larga ruta que llega al mar, se encontraron cinco músicos inspirados por los versos que uno de ellos trajo en su guitarra desde las veredas rurales de Girardota, ese lugar que también fue nombrado Hato Grande.

Abrazados por tiples, guitarras y bandolas, delineados por el piano, aireados por voces, quenas y flautas, animados por la diversidad de la percusión convencional y tradicional que suena a semillas, agua y aire, expresando un sonido que contiene implícito el color,  y la temperatura del paisaje que los habitó. Poco ajenos a la potencia y resistencia del rock de los años ochenta del sur del continente suramericano y a las corrientes sonoras del Valle de Aburrá que evocaban el trópico y la cordillera, confluyeron en las aulas de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia para iniciar una estrecha relación con el fin de apreciar e interpretar el universo de la expresión musical de una manera más “objetiva”.

Los Festivales tradicionales de este género de Músicas Andinas los ha recibido en sus escenarios con la valentía que implica afrontar una propuesta que decide cuestionar los esquemas, tanto del formato instrumental, como de las temáticas de sus letras y de la estética de su puesta escénica y audiovisual.

Los fascina el universo que ofrece la raíz de estas músicas andinas pero no les inspira protegerla o hermetizarla, en cambio sí les inspira impetuosamente recrearla y reinventarla. Ellos crean pero también reinterpretan todo ese repertorio que representa lo más íntimo de su raíz, al igual de ese otro que expresa otras recónditas perspectivas. Asumen esa raíz en permanente movimiento como un fenómeno continental que no conoce el concepto de frontera, contribuyendo a ese mágico poder de la migración musical que va tomando y dejando estelas de vibraciones en la intuición de escuchas y creadores.

En diez años de camino que celebran este año 2018, se enorgullecen de sus tres trabajos discográficos, cinco salidas internacionales, más de treinta reconocimientos de concursos especializados; todos significan latidos poderosos de su vitalidad, que los hace sonreír, tanto como el hecho de permanecer juntos por una década sintonizados en esa búsqueda de una música que ya suena a ellos.

Hatogrande es Nuevas Músicas Andinas Colombianas, confluencia de corrientes de campo y de ciudad, reflexiones a manera de crónica o de ensayo que poetizan las heridas del alma y de los pueblos unidos por lo latinoamericano. Desembocadura de ríos sonoros de pasillos, bambucos, guabinas, cumbias, joropos, rajaleñas, y de todos esos sonidos que aún no se han citado con sus músicos, con la única ilusión  de sacudir profundamente su espíritu.

Sara Melguizo Gavilanes

Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana. Docente universitaria y realizadora radial. Intérprete de flauta traversa. Presidente de la Corporación Revista Música.

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