Gustavo “el loko” Quintero y el arte de no envejecer

Irreverente, histriónico, seductor, gracioso, provocador, contestatario, delirante… genial. Así fue siempre y para siempre Gustavo Quintero. Un personaje de excepción en el devenir tropical de la música colombiana. Sobre sus hombros reposa la renovación del imaginario de la música bailable, su propuesta “performática” muchas veces opacaba la música misma, y frente a las estructuras formales y controladas del “buen gusto” adulto llevado a cabo en los salones sociales del Medellín de los años 50, su insolencia activaba pulsiones de frenetismo contracultural. De hecho, pronto fue apodado como el “Loko” Quintero.

Ocurrió en un programa de televisión que dirigía Otto Greiffenstein a comienzos de los años 60. Quintero no se quedaba quieto, saltaba por todos lados, jugaba con los instrumentos e interrumpía permanentemente las presentaciones de los locutores. En actitud irreverente desatendía las preguntas y aprovechaba cada instante para imitar chistosamente los movimientos del presentador. Este, ciertamente desesperado, solicitó que por favor controlaran al “loco”. A Quintero no le molestó nada dicho adjetivo y lo acogió como marca de su carrera.  Nunca dejó de comportarse así.

Fotografía: Julieth Arias – @fulana.malafama

El “loko” fue un referente ineludible para todos los intérpretes tropicales de su generación. Aunque su proyecto de vida fue la orquesta Los Graduados, su paso por Los Teen Agers y Los Hispanos determinó una impronta que nunca logró superarse del todo. Es sabido, por ejemplo, que la razón para que Rodolfo Aicardi participara del proyecto Los Hispanos fueron las picarescas imitaciones que hacía del “loko” en los pasillos de Discos Fuentes. El director, José María Fuentes, lo escuchó y consideró oportuno integrarlo al proyecto de inmediato para atenuar el impacto negativo que había provocado la deserción de Quintero, quien había decidido formar su propia orquesta. La directriz fue clara para Aicardi: imitar al “loko”. Durante un par de discos lo hizo, luego encontró su propia expresión, sin embargo, nunca pudo librarse del todo de la enorme sombra de Quintero como consta en la mayoría de las entrevistas de prensa y televisión, donde la comparación con el “loko” siempre fue un tema cardinal.

No le ocurrió sólo a Aicardi. Los Hispanos mismos, luego de su migración a Sonolux, acudieron a otro imitador de Quintero: Gustavo Velásquez, quien había pertenecido a la orquesta tropical más famosa de Ecuador llamada Don Medardo y sus players. Velásquez logró imitar perfectamente a Quintero de quien fue admirador desde Los Teen Agers, y pudo fabricarse su carrera como cantante debido a su inserción del “tono Quintero” en el circuito tropical ecuatoriano. La producción de Los Hispanos en Sonolux impresiona realmente, porque es difícil aceptar que allí no está cantando “el loko”. Velásquez canta idéntico.

Antes de Los Hispanos “el loko” perteneció a Los Teen Agers, una agrupación nacida en 1957 y que se erigió pionera de la revolución sonora tropical juvenil durante la efervescencia discográfica radicada en Medellín en los años 50 y 60. Los Teen lograron escenificar el imaginario juvenil que se gestaba en el amanecer de los 60 y que se conectaba con el consumo de productos culturales anglosajones, como el rock and roll y el twist. Los Teen fueron la amalgama perfecta entre las búsquedas expresivas de los jóvenes de los años 60 en Colombia y el imaginario idiosincrásico que por entonces apuntaba a la costa norte del país en un movimiento que lideraba Lucho Bermúdez. Ante la propuesta de los Teen y las réplicas casi inmediatas en otros grupos juveniles (amparados todos en el mismo concepto visual y sonoro, bajo nombres también en inglés, como Los Golden Boys, Los Falcons, Los Black Stars, etc…), las de las orquestas de porro big band, como la de Bermúdez o Pacho Galán, adquirieron un carácter adulto y excesivamente serio, cosa que para entonces era un defecto imperdonable. Los Teen representaban un grito de libertad, de irreverencia, de contestación. Con los Teen, y especialmente gracias al “loko”, emergió para Colombia la actitud “rock” inserta en la música tropical bailable. Su imponencia “performática” abrumó a un público timorato y conservador indicándole el aspecto feroz de la juventud temeraria que empezaba a revelarse en todo el mundo después de la segunda guerra mundial y que derivó en la emergencia del rock y el hipismo, conectando con manifestaciones paralelas ligadas a la vanguardia artística del momento y que en Medellín explotó bajo el nombre de “Nadaísmo” (movimiento que, a su vez, dialogó con este imaginario musical a través de la agrupación Los Yetis).

El éxito con Los Teen fue destacable, logrando varias giras nacionales y una internacional que terminó convertida en un viaje delirante que los dejó inmovilizados y casi al borde de la locura en Panamá, gracias al oportunismo de su manager, quien se escapó con las ganancias. Luego de esta experiencia el hastío se apoderó de Quintero y decidió dejar la agrupación.

Se instaló en Cali y pronto formó un grupo de rock and roll llamado Los Gatos, sin mucho éxito, hasta que fue invitado por su hermano Gilberto para regresar a Medellín, en el año 64 y ser el cantante líder de Los Hispanos, grupo dirigido por los hermanos Jiménez, el cual se convertiría en el proyecto juvenil más importante de los años 60 en Medellín y que permitió la transición entre los formatos pequeños de conjunto a los de orquesta. El nacimiento del “género” tropical en Colombia, identificado coloquialmente como chucu-chucu, puede perfectamente ubicarse en esta transición, donde se estabilizan tanto la organología como el sonido y el pulso rítmico en grupos como Los Claves, Los Éxitos, Los Monjes, Los Grecos, etc… y que influirá directamente en la producción musical de Venezuela, Perú, Ecuador y México, principalmente.

Luego de Los Hispanos Quintero conforma Los Graduados. El impacto es inmediato y son invitados al Primer Festival Internacional de la Canción Latina realizado en México en 1969. Es en Los Graduados donde Quintero encontrará un cómplice a su altura: el genial compositor Gildardo Montoya, con quien formó una dupla de cardinal importancia en el desarrollo de la música tropical con acento antioqueño. Es verdad que desde Los Hispanos había ya una definición senso-motriz que empezó a identificarse como “antioqueñización” del sabor costeño, pero en esta nueva iniciativa, el carácter mitológico del paisa trashumante y andariego, malicioso y mercader, práctico y sofista, pudo constituirse como relato melódico. Quintero pudo encarnar ese personaje perfectamente y Montoya podía aportar el genio narrativo y la versatilidad musical para crear ese universo antioqueño ya configurado localmente en la música parrandera, pero de dimensiones internacionales, que provocó no pocas animadversiones en otras regiones colombianas, especialmente en los círculos del folclorismo académico. En los años 80 Quintero también hizo parte del proyecto Combo Gran Colombia, apuntando al mercado mexicano, mas su grupo insignia siempre fue Los Graduados.

El  ”loko” fue un personaje particular, con una capacidad expresiva que rayaba con la genialidad; caminó siempre con éxito entre las delgadas líneas que separan la brillantez y el ridículo. Supo crear un personaje y a su través escenificó un “ethos” particular, gracias a su potencia expresiva, su delirio controlado y su destreza en el difícil arte de hacerse viejo siendo cada vez más joven. Brindamos por el siempre joven Gustavo Quintero.

Juan Diego Parra Valencia

Investigador en música, cine y filosofía. Filósofo PhD. Músico. Especialista en Literatura.

  • jdparrav@gmail.com

Leave your comment

Please enter your name.
Please enter comment.