EL DISCO QUE HARÁ RUGIR AL VOLCÁN GALERAS

Bambarabanda cumplirá dos décadas el próximo año. Como prolegómeno de la fiesta que hará rugir el volcán Galeras, acaba de salir su más reciente disco, Cordillera. El diseño y la dirección de arte estuvo a cargo de José Argoty. La ilustración es preciosa: una síntesis geométrica que recuerda la gráfica tradicional costumbrista andina. En la cúspide de una cadena montañosa –que hace pensar en la edad y la fuerza de la tierra–, un hombre con el cabello atado, formando una cola que mece la brisa, sopla un instrumento de viento del que emerge un sonido en forma de línea que se prolonga hacia atrás. La línea continúa hasta el reverso de la carátula, donde se conecta con un cóndor que sobrevuela la cordillera.

Las formas geométricas de la cordillera continúan por el interior de la carátula, incluso hasta el disco. Le damos “play”, y con “Aya [Espíritu]”, el rasgueo suave de una guitarra al que se le van sumando voces femeninas dulces e instrumentos musicales, comienza a instalarse el espíritu que es corazón, perdón, bestia, piedra. “Inti raimy”, añadiendo potencia rítmica y melódica, es un rezo que invita a vivir como antes, más alto que las estrellas, volando como los pájaros. Junto a Puerto Candelaria, “Sra. Sociedad” abre la fiesta; una que es singular, para desquiciados invitados a olvidar su cruel verdad. “Pueblo arriba” es ya el jolgorio producido por la percusión, el cuatro, la guitarra eléctrica y el acordeón. En “Oración”, la voz líder de Fausto Adrián Álvarez se exhibe potente, secundada por la flauta y la quena, confesando que la melodía no es nada gratuita, es el grito de un alma que busca compañía. Con “La novela”, las voces de Juan Fernando Cano y Adriana Benavides transportan a una cantina donde, entre otros, están Pablo Muñoz con su violín y David Narváez con su ukelele. La manabita Alejandra García, conocida como La Toquilla, se suma a los bambaros en “Bomba de las flores” para convertir la fiesta en rumba e, incluso, en rap. “Azul” brinda un respiro, una inhalación ayudada por Carolina Ponce, Cano y Timothy O’Connell, rasgueos tranquilizadores, y una arremetida hip-hop que mantiene la tensión con las demás canciones del disco. “Expreso” comienza con la estridencia de los platillos de la batería, el afán del redoblante, del bombo y del violín. El punk arremete con su declaratoria usual: Sin ningún miedo expreso, y no me importa lo que digan, yo solo expreso. Expreso desde el sur, expreso desde el norte. Expreso en la ciudad y expreso en el monte. Expreso, sin corrupción expreso, ante el gobierno expreso, si las cosas andan mal y nada hacen, yo lo expreso. “Guagüita cuna” es un homenaje a la fiesta de blancos y negros que se celebra el 5 y 6 de enero en San Juan de Pasto, con la participación protagónica del acordeón y el histrionismo de los bambaros. El mambo “Isabel candela” divierte jugando con la fábula, con el lenguaje: Isabel candela por confia’ quemó la casa, ni el santo al que reza ni la que reza con casa. Leto contámele e’to, contámele e’sto a la mama. El disco se cierra con “Triste domingo”, las voces del violín, los arpegios de la guitarra acústica, las zampoñas y el charango.

Muchas personas hicieron posible el disco. Además de los intérpretes, estuvieron: Favio Portillo, Yeimy Argoty Benavides y David Narváez (producción musical); José Argoty y José Alberto Santacruz (producción ejecutiva); Favio Portillo (grabación y mezcla); Camilo Silva (maestering); Pablo Villota (fotografía); Claudio Guerrero (vestuario), y José Argoty (edición).

Cordillera, un disco con bomba ecuatoriana, blues, rock, punk, tango, foxtrot. Una bomba contestataria rítmica, melódica y social.

Mateo Navia

Filósofo. Magíster en Historia y Candidato a Doctor en Historia. Colaborador de A teatro Revista

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