De cuento en canto

Por: María Isabel Galvis Z. * / asistenciaeditorial@revistamusica.com


Veinte canciones trazan el camino de Son de amores, una ruta musical que describe los movimientos de la vida, vista a través de los ojos y de la voz de Zully Murillo. Empecé a tejer una historia pensando siempre en la vida y en su comienzo o antes de su comienzo”, dice, y esta historia la compuso con los hilos de sus propias vivencias. Había convivido largo tiempo con relatos, anécdotas y pequeños acontecimientos que fueron tomando forma con la música. Relatos que murmuraba en la soledad de su casa, en la espera de sus hijos, en el tiempo en que no estaba trabajando.

Maestra de profesión, dice que en Quibdó la recuerdan aún como la profesora que bailaba y cantaba. Sin embargo, su lugar como compositora lo encontró en Cali. Esta ciudad en la que se estableció y en la que sus hijos crecieron, le permitió el tiempo y el solaz para darle forma al remolino musical que habitaba en su cabeza y poco a poco las canciones fueron aflorando de manera natural. Alexis Lozano fue el primero en grabar una composición suya y tras invitarla a apoyar los coros de algunas de sus canciones, le llegó el tiempo de cantar como solista. Dice sin embargo que es muy tímida y que no gusta mucho de figurar en las pantallas, no vibra con la fama pero cada vez que se sube al escenario pone el alma en su voz porque siente que es ahí, en el alma, donde han nacido.

Son de amores es un canto ondulante que se apoya en los sonidos del Pacífico colombiano, en sus paisajes y en sus saberes. “Todo en la vida es movimiento” dice Zully y para narrarlo, ella se sabe acompañar de las palabras. Aquí hay aires que evocan el agua que rodea su región, hay sonidos también de otras músicas, ritmos hermanados en un tema, canciones que no intentan definirse únicamente por los géneros que acogen o por los instrumentos que aparecen. Se trata de un trabajo que congrega todo el litoral y que lo recrea en arreglos cuidadosos, mesurados, que privilegian la voz y la palabra. De esta manera transita por los sonidos del Pacífico, sin dividirlo,algo que se propuso seriamente: “Nosotros somos uno. Pensamos, sentimos, tenemos las mismas problemáticas y algunos para su provecho, explotan esa división y la marcan. Yo soy del Pacífico. Soy integracionista. Mis amigos son todos los que quieran venir a mí, no importa de dónde sean. Que vengan a mí”.

Ocho años le tomó a Zully y a su equipo darle vida a este álbum. Digo “su equipo” pero la expresión correcta es “su familia”. Casi todos los que participaron en esta grabación son amigos de sus hijos desde la adolescencia y entre sí fueron redescubriendo lazos de amistad de vieja data. En los ensayos y en las tertulias que suscitó la construcción de Son de amores fueron reencontrándose viejos amigos del colegio, de la universidad, del barrio. Así, como familia, se encaminaron en la búsqueda de un sonido que le diera identidad particular al álbum. “Nos conocemos y ellos ya presienten a dónde voy a llegar y me interpretan lo que yo quiero”. Así, en veinte canciones, nos acercamos a la humanidad de esta compositora y de paso, a la nuestra. Porque si algo está plasmado en este camino trazado con música es la posibilidad de encontrarnos.

Por eso tal vez ella insiste en que le gusta cantar como cuando está en casa, con la espontánea presencia de los sentires, por eso también dice que le gusta que la llamen maestra porque fue eso lo que estudió y de alguna manera lo que sigue haciendo y por eso se sabe más trovadora que cantante: “vivo cosas y las vengo a decir como lo hacían antes los juglares de pueblo en pueblo; y como yo ahora no hago eso, lo hago de cuento en cuento y de canto en canto

María Isabel Galvis
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