Contrataciones en la industria del derecho de autor – (Parte 1)

Un recorrido por algunos de los contratos usados en esta industria y tips básicos para su adecuada implementación.

Primera entrega

En ocasiones, las palabras contrato, cláusula y norma nos generan pánico; en el imaginario colectivo implican restricción, rigidez y problemas. Pero realmente, ¿qué hay detrás de la firma de un contrato? ¿cómo se hace un contrato ideal? y ¿cómo hacer para que esto no nos dé tanto susto y podamos usarlo para nuestro beneficio?

En ésta y las próximas ediciones haremos un recorrido por aquellos contratos que son comunes a nuestro quehacer creativo, sobre los cuales vale la pena reconocer su aplicación, su alcance  y sus elementos esenciales.

Empecemos por lo primero. Un contrato se ha definido como aquel acuerdo de voluntades que crea derechos y obligaciones para las partes que lo suscriben. Esto significa que aquellas transacciones, incluso verbales, que realizamos a diario, son contratos; por ejemplo de compraventa, de mutuo o comodato (préstamo), de arriendo o alquiler, entre muchos otros. Los contratos se han constituido como aquella manera de formalizar las negociaciones entre personas y se recomienda que en la mayoría de los casos, tengan un soporte por escrito. De hecho, la ley incluye reglamentación sobre algunos contratos para los cuales no sólo recomienda sino que exige que los mismos consten por escrito para que sean válidos. En otros casos, la ley exige además una serie de formalidades alrededor de los contratos para que estos tengan validez, como el caso del contrato de compraventa de inmuebles en el cual debe realizarse el registro de la escritura pública ante la Oficina de Instrumentos Públicos para que la compra sea efectiva.

De esta manera los contratos hacen parte de nuestra vida, aunque en algunos casos, comprenderlos, requiera analizar algunas variables más complejas por cuanto regulan aspectos eminentemente técnicos, como por ejemplo los contratos de licencia de uso de marca, de desarrollo de software, de encargo de obra musical, de management,  booking, entre otros.

Esta vez nos concentraremos en definir, a grandes rasgos, aquellos contratos que pueden tener utilidad en la industria musical y creativa y a los cuales nos enfrentaremos con frecuencia cuando estemos asumiendo actividades de gestión de nuestro proyecto artístico.

  1. Contrato de prestación de servicios: este contrato implica el desarrollo de una actividad independiente sin que exista el elemento de la subordinación laboral. Es un contrato bastante común en esta industria que se usa para pagar por actividades puntuales, como cantar en un concierto, en una grabación, realizar la producción musical de un disco, realizar la mezcla y masterización de un sencillo, diseñar un plan de medios y ejecutarlo, etc. Con casi todos los aliados de nuestro proyecto celebramos contratos de este tipo, y lo más común es que los llevemos a cabo de forma verbal, sin que exista soporte alguno. Si bien la ley no exige que este contrato conste por escrito para su validez, se recomienda hacerlo así sobretodo por las implicaciones en términos de derecho de autor. La ley indica que si un contratante le paga a un contratista por realizar determinada actividad o prestar cierto servicio, se presumirá que los resultados de ese contrato serán propiedad del contratante, siempre que el contrato conste por escrito (Artículo 20 de la Ley 23 de 1982). Esto es vital para nuestro quehacer por cuanto lo que pagamos involucra generalmente un trabajo creativo del contratista, que esperamos pueda ser usado de forma exclusiva por nosotros para darle identidad a nuestro proyecto.  Este contrato deberá contener como mínimo la definición de las partes, el objeto del contrato, la duración, el precio, las razones de terminación y las condiciones de propiedad intelectual que regirán entre ellas.

Mónica Zuluaga

Cantante y compositora de Medellín. Abogada especialista en derechos de autor para artistas y propiedad intelectual. Tallerista y conferencista. Miembro del comité directivo de la Agremiación de músicos de Medellín (USM) y Socia Fundadora de GrupoCrea: soluciones jurídicas para creadores.

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