Bozá Nueva Gaita

Por: Andreiza Anaya


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Shuana, suarra, Kuisi bunsi, kuisi sigi y pito de cardón o cera, son algunos de los nombres con los que los indígenas y sus descendientes del Caribe llamaron a lo que hoy conocemos como gaitas. Gracias a los abuelos y las enseñanzas a sus nietos, sobrinos e hijos, la gaita es un aerófono que ha sobrepasado generaciones, y da cuenta de la sabiduría, herencia sonora, comunicativa y cultural de los ancestros indígenas.

Hoy, las nuevas generaciones se han apropiado de esta tradición centenar, interpretando la gaita en sus diversas formas: gaita macho, gaita hembra, gaita corta y gaita e’ millo. “La gaita es el instrumento insigne colombiano, el acordeón es alemán, los tambores son africanos, pero la gaita, la gaita es nuestra, es el instrumento musical indígena que nos heredaron”, afirmaron Ailan y Leang Manjarrés Wong.

Estos jóvenes hermanos, barranquilleros, emprendieron hace siete años el camino de preservar este instrumento, que, alguna vez, su padre llevó a la casa y ellos vieron con recelo. Hoy desde su sentir joven le imprimen usos que ellos llaman contemporáneos, porque “los jóvenes músicos generalmente optan por interpretar la guitarra, la batería y el bajo, pero la gaita no es considerada como opción”, dijo Leang.

Nosotros volvemos la gaita atractiva, y difundimos esos sonidos que llevamos en la sangre, que nos hacen bailar, que nos hace Caribe, nuestra identidad. Así nació Bozá, interpretando sonidos universales como la Balinerie Suite #2 para flauta y Orquesta de Bacho en la Gaita Beatbox. Sí, Gaita BeatBox, una interpretación magistral de Leang, donde simultáneamente toca la gaita y hace beatbox. Sí, es difícil imaginar, ¡toca verlo!

Escuchar o ver una presentación de Bozá, es dejarse envolver en un sonido orquestal, o en el jazz en una de sus más versátiles experiencias. La vida de la gaita se enaltece en esta agrupación como la voz líder, la matrona, dirían los mayores. Ailán machea y toca las maracas, en ocasiones, la shuana abre el camino a su voz, Ailán canta. Dialogan las dos féminas, representando gran poderío sonoro.

Bozá se complace en decir que en el proceso han descubierto “que instrumentos de identidad mundial como la guitarra pueden reconocerse en la música del Caribe, llevando comprimido en su interpretación la fuerza de los tambores y las gaitas, manteniendo el espíritu de su estilo musical”. La guitarra, con su sonido afroantillano, le da sensualidad, los tambores, le imprimen fuerza, la batería y el bajo, son el resto del cuerpo sonoro del ensamble de cumbia, gaita, merengue, porro y puya, con ritmos universales como el rock, funk, jazz y soukous.

Los mayores, al principio, hicieron resistencia, incluso rechazo. Con el tiempo y el aprendizaje, en el último Festival de Gaitas que estuvieron, un viejo juglar les dijo: “Carajo, mira hasta dónde ha llegado la gaita”.

“Pescaito”, “Noche de plebedá”, “Bozá”, “El Gaitero”, “Gaita Beatbox”, “Barrio Abajo” (barrio popular emblemático de La Arenosa) e incluso una adaptación de “El Evangelio”, son canciones que han pasado por escenarios como el Festival Nuits Métis en Miramas y L’ oasis Bizz’Art en Dieulefit (Francia); por la Feria Internacional de Música de Guadalajara, México; o por Santo Domingo Jazz Festival en República Dominicana. Todas ellas, canciones cuyas letras son el sentir de sus pueblos, vivencias y anécdotas de los personajes locales. Este es su capital para continuar por esas plataformas independientes y emergentes, mercados culturales, festivales regionales, de world music, y proyectos culturales de transformación social.

Bozá, hace que su bozá baile como el Río Magdalena al pasar por Barranquilla, que penetre en las venas como el frío de la Sierra Nevada y se disfrute como las fiestas de las sabanas del Bolívar Grande.

Autor: Andreiza Anaya – Comunicadora Social, Dir. Mi Color Comunicaciones. La música y los sonidos son memoria colectiva de los territorios, y promueven desarrollo comunitario desde el emprendimiento. Periodista Radio Nacional de Colombia.

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