Americanotl de Alejo García, de Comala a Macondo

Delirio es un precioso soneto acardenchado con el que se  inicia Americanotl (escrito así con final náhuatl), el quinto y último trabajo del cancionista Alejo García, que se consigue en sus conciertos o en La Choli, su casa en el corregimiento de Santa Elena en Medellín. Allí, Alejo, el último sábado de cada mes, viene realizando La peña rodante para la que hay que separar cupo con anticipación y donde además de vinos y canciones, encontrará el disco en físico con sus exquisitas ilustraciones. En las redes van tres canciones en Spotify. Estarán saliendo las demás, poco a poco, para dosificar el disfrute.

La UNESCO considera patrimonio cultural inmaterial las prácticas vocales o corales con más de una línea melódica de catorce comunidades africanas, asiáticas y europeas. Estos cantos no se acogen a la jerarquía armónica propia de la polifonía occidental, por lo que algunos prefieren llamarlos polimelodías  en vez de cantos polifónicos.

La canción cardenche, en la que se inspiró Alejo García para su Delirio, es una de estas polimelodías, género campesino de una zona del norte de México entre los estados de Durango y Cohauila, en espera de ser incorporada por la UNESCO a su listado. “Los cardencheros al cantar no se molestan si son interrumpidos, ya sea que alguien llegue, salude o dé un recado, haga algún comentario u ofrezca unos traguitos de mezcal”, dicen los antropólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Igual es el trabajo de Alejo García: acogedor. Ya desde Buscando luces en 2002, nos muestra en Mestizo de amores, que en nuestro origen también estuvieron los “amores de una india con un negro bailador”. Casa de todos, para Americanotl invita a sus amigos cancionistas en calidad de intérpretes acompañantes, compositores o consejeros: los argentinos Sofía Viola, Sebastián Garay y Diego Gómez, la chilena Camila Vaccaro, el peruano Omar Camino, el venezolano José Delgado, el nicaragüense Perrozompompo, los españoles Daniel Cros, Diego García  y Gadaffi Nuñez,  y los colombianos Marta Gómez, Solo Valencia, Elkin Robinson, Andrés Correa, Pala y William Rouge. Todos con presencia deleitable en la red.

“Postales musicales” les llama Alejo a sus canciones. Las de Americanotl las compuso durante tres años, bajo la influencia de sus ires y venires desde enero de 2015 hasta noviembre de 2017. Paseamos con él al escucharlas:  el corrido Los nadies y el tren nos lleva al pueblo de Tomellín, en el estado de Oaxaca, México, antigua estación del tren, ahora un pueblo fantasma desde que se suspendió el paso del ferrocarril. El son Vientos de Tilarán envuelve nuestras quimeras en ventarrones que se elevan hacia un cielo costarricense.

Con el calypso Suhshine, volamos nuestros amores en las profundidades del mar de siete colores de San Andrés y Providencia. Con las tres pícaras décimas del bullerengue garífuna, Mi candelita, nos arrunchamos en un vibrante bailoteo mientras repica el cuero del Caribe. Y con la tonada llanera A la luna, luna se ilumina el rostro de Marta Gómez, quien lo acompañó para esta canción, después de que ella declarara en una presentación pública que compartieron a finales de 2016, que desde 1999 había quedado encantada con las canciones del “cancionista más bonito de Colombia”.

Se autodenominan cancionistas muchos de los que habitan el cruce de la poesía y el canto, dedicando su vida a crear y cantar letras y músicas, sin ser renombrados poetas ni afamados intérpretes, pero habiendo encontrado, como lo dice el aire de reggae de Andrés Correa y que lo canta Alejo con Solo Valencia y Sofía Viola en Americanotl,  Un lugar en el mundo para recorrerlo con canciones. Y con los amigos, cantándolas.

Carlos Duque

Integrante del ensamble vocal Macondo, dedicado al  psicoanálisis y las músicas.

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