Acerca de la improvisación


Hay tantas maneras de entender la improvisación como músicos improvisadores hay; sin embargo, la reflexión juiciosa, el intercambio entre colegas y la producción académica, han contribuido a la construcción de un corpus conceptual a veces tácito, a veces explícito, acerca de cómo funciona la improvisación y de qué cosas pasan por la cabeza y los sentidos del improvisador.

En la improvisación se dan cita lo abstracto y lo concreto, la estructura y el caos, el control y el descontrol y al principio, sentirse desubicado, es natural.

Es válido afirmar al respecto que improvisar no es improvisar.

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¡Ah! ¡Es que improvisar no es improvisar!

Recuerdo la lapidaria conclusión de un colega músico después de su primera clase de improvisación: ¡Ah! ¡Es que improvisar no es improvisar!

Creo que una de las condiciones esenciales para acercarse a la improvisación es la necesidad de decir, de contar algo con nuestra propia voz; hago énfasis en este punto porque la improvisación como elemento abstracto no es patrimonio exclusivo de ningún estilo o género en particular, a pesar de que a partir del siglo XX el Jazz viene cultivando de manera intensiva esta práctica que en la India se utiliza hace siglos y ha aparecido en diferentes épocas de la tradición musical europea y todas las músicas africanas, y sus hijas, en el nuevo mundo, tienen improvisación.

Esta caprichosa y temperamental dama ha tenido la maravillosa capacidad de reunir en torno suyo personajes de las más disímiles épocas y variopintos intereses artísticos: Bach, Mozart, Ravi Shankar, Keith Jarrett, Carlos Piña, Jimmy Hendrix, Bill Evans, Encarnación Tovar, entre muchos otros, obtuvieron sus favores y sucumbieron a sus encantos.

Preliminares… ¿Preámbulo?…

Hay ciertos procedimientos y condiciones que ayudan a encontrar la manera de improvisar cada vez con mayor facilidad y a despojarse de los posibles temores que los primeros acercamientos generan. Se me hace necesario hablar de dos componentes que hacen parte de la improvisación; uno es un conjunto de herramientas, una serie de abstracciones que están presentes (para nuestro caso) en la teoría musical occidental, como las diferentes escalas, los patrones melódicos, el contrapunto y sus características y el desarrollo armónico; y otro, que está relacionado con las diferentes situaciones expresivas y sus matices; a este componente está más asociado el ejercicio estilístico y de género, es decir, la manera como se disponen los elementos abstractos arriba mencionados, al servicio de determinado género musical o situación expresiva.

Improvisar es desarrollar en tiempo real un discurso que contenga las pautas básicas de determinado lenguaje sonoro, pero también es contar una historia; y no se puede hablar un lenguaje que no se conoce ni contar una buena historia sin detalles y descripciones que la aderecen.

Es necesario tener un acercamiento previo al género o lenguaje sobre el cual queremos improvisar, escucharlo en profundidad, conocer sus características históricas, su entorno cultural, los movimientos migratorios de las gentes que lo construyeron; dichas condiciones moldean la sonoridad y la intención expresiva de la música.

El catalizador, el vehículo a través del cual se materializan las ideas y conceptos de los cuales venimos hablando, es el instrumento; conocer en profundidad sus posibilidades y entablar una relación sana con él, facilitarán la tarea.

Ármese de paciencia, pierda el miedo a ir y volver una y otra vez y a no gustarse y cuente su cuento.

Por: Juan Fernando Giraldo / Músico director, cantante, saxofonista, arreglista y compositor. 
Docente de la Universidad EAFIT, Bellas Artes y Son Batá.
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